Etapa 23. Cebreiro - Alto del Poio 8kms a pié- Triacastela 12kms taxi - Samos 10kms a pié

Entonces había que cubrir 30 kms pues decidimos pasar la noche en Samos por ser un sitio en donde está el Monasterio de San Julián que es una belleza. Triacastela no tiene mucho atractivo y nos ahorramos el descenso de 12kms tramo arduo para las rodillas de varios. 
Salida con mucho frío muy bien cubiertos. El viento fuerte nos acompañó un buen rato de esa primera parte. Toda la etapa con morrales tapados y chaquetas puestas alternando el uso de la capucha en función de la lluvia. 
Para destacar el Alto de San Roque con su escultura del caminante enfrentando el viento. Tal cual su expresión volteando la cara para no recibirlo de frente, así se vive, se siente...




Después 8 kms y de un ascenso muy pronunciado no muy largo salimos a encontrar la via en el Alto del Poio y un bar albergue LLENO de peregrinos empapados y en el que el dueño, un gallego de pura cepa, nos invitaba a pasar sentarnos y descansar así no pidan nada. El bar del frente pasando la calle, vacío. Pues gana el que pega primero.  Trancón para salir y para entrar. Mesa comunal, chimenea prendida, varios idiomas, calor humano. Allá nos han servido el jugo de naranja para cada uno del tamaño de una jarra. Delicioso. Yo le vi el fondo muy rápido. 

Y bueno. Llamamos el taxi de La Conchi que hubo que esperar unos quince minutos y el que nos llevó a Triacastela doce kms más abajo. Almorzamos, pasamos por la plaza donde compramos postre en las ventas del mercado local  y cogimos camino a Samos. 
Dátiles e higos secos para el postre

Los primeros 4 kms al lado de la carretera un tanto azarosa la cosa pues siempre había curvas y vas en descenso pero cuando entras al camino te espera uno de los tramos más hermosos al lado de un río y dentro del bosque respirando aire puro y muy fresco (adobado con el olor a boñiga que nos llevará a Santiago). 
La pizarra y la piedra protagonistas en los techos, los vallados, el piso y las construcciones. Muchas de ellas abandonadas y derruídas, otras, totalmente en función y actualizadas. En fin, encantadora y refrescante. La lluvia compañera intermitente, nada muy grave pero ahí a nuestro lado todo el tiempo. 



Algunos signos útiles

La llegada a Sarria por una colina mirando el valle con la presencia imponente del Monasterio, quita el aliento y sientes la satisfacción de haber tomado la decisión de pasar la noche allí para poder tomar el tiempo de visitarlo sin afanes. 

Un par de hoteles muy buenos
Casa Licerio con su anfitriona Ashley (norteamericana), quien después de haber hecho el camino en el 2013 y 2015 en dos tramos decidió dejar todo y venir a trabajar aquí tomando en alquiler este lugar para administrarlo durante seis meses del año. Lo hace impecablemente bien. Los detalles son incontables y en medio de la sencillez sientes que estás más cómodo y querido que en tu casa. Que lo diga el trío de peregrinas que pernoctó allá. 

Casas de Outeiro. Maravillosa suite con toda la comodidad y modernidad en medio de las paredes de piedra del lugar. 

En la tarde visita guiada al Monasterio y a la Capilla Prerománica con su Ciprés milenario. Sobrecogedor!  Allí nos recargamos para lo que resta. 






Comida en el Hotel de la salida del pueblo recomendada por Ashley quien no se equivocó. Buena y abundante. La mejor crema de calabaza y unas setas a la plancha maravillosas. Todo esto ya lleva dos botellas de un Mensía de la Rivera Sacra. Para rematar la noche uno de los dueños del lugar nos llevó en su carro a Sergio y a mi al hotel que estaba a unos 800 mts de allí ( a la entrada del pueblo) y ya no queríamos dar paso. Qué queridura!  Maravillosa experiencia en Samos. 
Para mayor ilustración

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